miércoles, 22 de febrero del 2017

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24 de julio 1783.Nacimiento de Simón Bolívar
 
SIMÓN BOLÍVAR Y LA JUSTICIA.

Síntesis del discurso de Carmen Mercedes de Romero en la celebración del CCXXVI aniversario del natalicio de Simón Bolívar.



Bolívar nació, estudió, luchó, fue el hombre de las dificultades y las venció; no se detuvo a criticar, no se sentó al lado de prominencias para sentirse él prominente. Cultivó de tal manera su mundo interior que se nos dificulta representarlo físicamente. Supo perdonar, no alimentó odios, fue amigo de los amigos, manejaba la espada con ambas manos y era capaz de dictar hasta tres cartas a la vez. Anduvo tanto por esta tierra americana: del Orinoco al Potosí dio el equivalente a dos veces y media la vuelta al mundo. Con todos los problemas que tuvo que resolver, se desvivió por unificar ideas para una sola causa: la Libertad.

¿Y la justicia? Es una palabra de difícil interpretación. La justicia Aristotélica es simplemente dar a cada cual lo suyo. Cabe aquí recordar lo que Bolívar escribe a Santander en 1825, refiriéndose al francés De Molien: “Ciertamente que no aprendí ni la filosofía de Aristóteles, ni los códigos del crimen y del error…”.

Simón Bolívar practicó la Justicia Social por el profundo conocimiento que tenía de la justicia divina y de la justicia jurídica. La pasión por la lectura lo llevó a formar y mantener una variada biblioteca en la que la que destacaban las obras jurídicas. Bebió de las fuentes foráneas,como también de los grandes jurisconsultos venezolanos.

En su Manifiesto de Cartagena expresa: “Es preciso que el gobierno se identifique, por decirlo así, al carácter de las circunstancias, de los tiempos y de los hombres que lo rodean. Si estos son prósperos y serenos, él debe ser dulce y protector, pero si son calamitosos y turbulentos, él debe mostrarse temible y armarse a una fuerza igual, sin atender leyes ni constituciones, ínterin no se restablezca la felicidad y la paz.

¿Acaso no son estos tiempos turbulentos en los que se necesita restablecer la felicidad y la paz de la patria latinoamericana y caribeña?.

Estando en Angostura, en 1818, Bolívar, en nota oficial a John Bastist, Irving, Agente de los Estados Unidos, le expresa: “¿No sería muy sensible que las leyes las practicara el débil y los abusos los practicara el fuerte?”

El Discurso de Angostura es cantera para lectura y relectura de juristas y legisladores del concierto de países que integran el ALBA. Cito dos expresiones: “La buenas costumbres y no la fuerza son las columnas de las leyes”, y “Cuán difícil es dirigir por simples leyes a los hombres” .

En 1825, Bolívar se encuentra en la cúspide de la gloria, goza del amor y la admiración de los pueblos libres de América y del mundo. Esto no lo envanece, su mente es lava hirviente. Tres días antes de la Batalla de Ayacucho, seguro del triunfo, decide convocar un Congreso Anfictiónico en el Istmo de Panamá. Es por esto que da órdenes, dicta cartas, oficios, notas, además de decretos y constituciones para las nuevas repúblicas. Incorpora al ejército Libertador al eficiente militar y diplomático José Gabriel Pérez y lo nombra su Secretario General. Conciente de la ilegalidad, en Carta a Francisco de Paula Santander justifica su acción diciendo “La necesidad no conoce leyes”.

Isaías Rodríguez dijo que“En una revolución pacífica como la nuestra, la legalidad es una camisa de fuerza”. En mensaje al Congreso Constituyente de Bolivia, 1826, nos encontramos con una frase muy parecida: “la más terrible tiranía la ejercen los tribunales por el terrible instrumento de las leyes”…“La religión gobierna al hombre en la casa, en el gabinete, dentro de sí mismo: sólo ella tiene derecho de examinar su conciencia íntima. Las leyes, por el contrario, miran la superficie de las cosas: no gobiernan sino fuera de la casa del ciudadano”.

En 1828, en Bucaramanga, le escribe a José María del Castillo: “cuando la ley me autoriza no conozco imposibles”.

Regresemos a 1803, el mismo año de la muerte de su esposa María Teresa, cuando además tuvo que enfrentar un pleito contra el Teniente de Justicia Mayor en Santa Lucía, porque permitió la construcción de un rancho en su hacienda de Seuse para favorecer a sus amigos. Encontramos un primer pensamiento referido a la justicia, al escribir al Capitán Guevara Vasconcelos: “Así es como abusan de la autoridad aquellos hombres que careciendo de todo tino y toda constancia de ánimo que requiere el delicado ejercicio de la administración de justicia, se ven investidos de algunas facultados contenciosas por limitadas que ellas sean…”. Viaja a España y luego a París tratando de disipar su dolor. En París se reencuentra con Simón Rodríguez y juntos parten a Roma, donde el 15 de agosto de 1805, cuando jura en el Monte Sacro liberar a su patria, nace como El Libertador.

En 1808 se produce la llamada Conspiración de los mantuanos. El gobernador Emparan la dispersa y confina a Bolívar en su hacienda de Yare, razón por la cual no participa en los hechos del 19 de abril. Luego viene el 5 de Julio de 1811, se declara La Independencia, ocurre la reacción realista y la República está en llamas; se inicia la gesta emancipadora de Bolívar.

El 14 de mayo de 1813 inicia la Campaña Admirable en Cúcuta, Nueva Granada; el 28 de julio llega a San Carlos de Cojedes, y en una Proclama a los españoles y canarios expresa: “Conducidas nuestras armas libertadoras por el ser Omnipotente, que protege la causa de la justicia y la naturaleza, hemos libertado todas las provincias del Occidente…”.

El 24 de marzo de 1814, desde San Mateo, dice a los venezolanos: “El Dios de los Ejércitos concede siempre la victoria a los que combaten por la justicia; y jamás protege largo tiempo a los opresores de la humanidad…”. En 1815, en su discurso de instalación del Gobierno de la Nueva Granada afirma: “La justicia es la reina de las virtudes republicanas, y con ellas se sostienen la igualdad y la libertad…”

El 6 de julio de 1816 lanza una proclama a los habitantes de la Provincia de Caracas: “La naturaleza, la justicia y la política piden la emancipación de los esclavos; de aquí en adelante sólo habrá una clase de hombres, todos será ciudadanos”.

Volvemos al Discurso de Angostura ante el Congreso, donde dice: “El ejercicio de la Justicia es el ejercicio de la Libertad… Más adelante surge el proyecto de Constitución en el que propone el Poder Moral, retomado en la República Bolivariana de Venezuela con el nombre de Poder Ciudadano. Ese Proyecto de Constitución reza: “Haz a los otros lo que quisieras para ti. No hagas a otro lo que no quieres para ti; son los dos principios eternos de la justicia natural en que están encerrados todos los derechos respecto a los individuos...”.

El 25 de febrero de 1820, desde El Socorro, escribe a Antonio Morales: “Hagamos triunfar la justicia y triunfará la libertad…”. En San Cristóbal escribe a Guillermo White: “La educación forma al hombre moral, y para formar un legislador se necesita ciertamente educarlo en una escuela moral, de justicia y de leyes…”.

En 1822, al enterarse de que el Congreso reunido en Bogotá no quiere reconocer a Venezuela por hermana, escribe a Santander: “¡Insensatos! No saben lo que puede un pueblo veterano y guerrero…” Qué bien nos define como pueblo en esta frase. Defendiendo los principios de la Constitución aprobada en Cúcuta, le expresa “La soberanía del pueblo no es ilimitada, porque la justicia es su base y la utilidad perfecta le pone término”.

A principios de 1824, a pesar de encontrarse enfermo escribe desde Perú una hermosa carta a Simón Rodríguez, donde entre otras cosas le dice: “Usted formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que usted me señaló…”. Ese mismo mes le escribe a Robert Wilson: “Un soldado de la justicia y de la ley es más grande que el conquistador del universo…”.

El 7 de abril de 1825, desde Lima, en la cúspide de la gloria le escribe a su hermana María Antonia: “Yo no le escribiré a ningún Juez sobre el pleito de Lecumberry… Que se haga justicia y que ésta se me imparta si la tengo. Si no la tengo, recibiré tranquilo el fallo de los Tribunales…”. Todavía en Perú, el 17 de junio, le escribe al prócer boliviano Andrés de Santa Cruz, quien le solicita apoyo a su diputación. Preocupado el Libertador porque su opinión pudiese influir en el proceso boliviano, le expresa: “Mi deber es ser justo con todo el mundo”. A Bartolomé Salom, quien se encuentra en el puerto peruano de El Callao enfrentando al último reducto español en América, y le escribe: “La justicia sola es la que conserva la República…”.

El difícil año de 1828, estando en Bogotá, dirige un mensaje a la Convención reunida en Ocaña: “La corrupción de los pueblos nace de la indulgencia de los Tribunales y de la impunidad de los delitos”. Más adelante,desde Bucaramanga, el 11 de abril, a José María Castillo: “Es difícil hacer justicia a quien nos ha ofendido…”; el 24 de junio, nuevamente en Bogotá, al Presidente de la Alta Corte de Justicia: “La libertad práctica no consiste en otra cosa que en la administración de la justicia y en el cumplimiento de las leyes, para que el justo y el débil no teman, y el mérito y la virtud sean recompensados”. En 1829, a Rafael Urdaneta: “Usted debe ser justo, ya que ofendió; esto no daña y es grande y bello…”

Ya estamos en 1830 y el Liberador, en su último mensaje al Congreso Constituyente de Colombia, expresa: “La justicia pide códigos capaces de defender los derechos y la inocencia de hombres libres…”; y en Barranquilla, camino a su morada final, con la amargura y el sentimiento de haber arado en el mar, le escribe a Juan José Flores: “Desgraciadamente entre nosotros no pueden nada las masas, algunos ánimos fuertes lo hacen todo y la multitud sigue la audacia sin examinar la justicia o el crimen de los caudillos, más los abandonan al punto que otros más aleves los sorprenden…”.

De 1803 a 1830 han pasado veintisiete años, en los que podemos observar no solo la coherencia de pensamiento, sino el alto sentido de justicia que predicó Simón Bolívar.



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